sábado 12 de septiembre de 2009

La soñada privacidad


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Con razón o sin ella, yo solo he vivido para escribir. Mal que mal, la Literatura ha sido para mí el filtro de la experiencia desde que era un niño: desde el temor a un castigo paterno hasta la noche de amor más ensoñada, o desde la caricia de la soledad en el extranjero hasta la tosquedad de la algarabía de mis amigos y primos. Sexo, pánico, creencias, alma, desde el inicio de mi vida todo ha pasado por mí a través de una página escrita en word o bond. La expectativa de un cuento o un post -aún mal escrito- ha refinado mi realidad vivida y, estoy seguro, la ha mejorado. Siempre. No me importa la posibilidad de haber inventado una mentira en base a una percepción extraña de las cosas. Mi imaginación, mi alto corazón de niño viejo, es lo que determina, provoca, las "situaciones reales de mi vida".
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Es así que me declarado en contra de para quienes la silla es solo silla, la montaña siempre estuvo allí, la nube flota pero obedece las leyes de la física. Los que piensan la realidad con la yema de los dedos. ¿Hay cosa más triste que un hombre para quien la vida es solo una larga avenida con tráfico, dinero, informes, y un fin de semana en algún resort exclusivo? Sin embargo, también voy contra los que solo sueñan y sueñan con los ojos abiertos. Esos cuya mente es una amplísima sala sin muebles que se va llenando, poco a poco, con puras percepciones. Ellos dicen: el mundo-mundo sí existe, pero no significa nada si no pasa por el tamiz de la mente-mente. La subjetividad lo colorea todo, lo modela todo, dicen, pero yo ahí veo un detalle: las manos de la subjetividad serán muy suaves, bellas incluso, pero demasiado arbitrarias.

Hay una tercera clase de personas en la que me incluyo junto a mi pequeña Literatura. Una tercera dimensión en donde mi yo se sumerge en el contacto con el exterior. Es decir, que forma parte de algo que no es ni paradoja ni imposibilidad, y que se llama individualidad colectiva. Ya lo dijeron ciertos ciudadanos del mundo: esa esquina en donde uno se siente más cómodo, más satisfecho, en mejor consonancia con un único gran mundo que al mismo tiempo es tierra y césped, beso y cachetada, orgasmo y trabajo duro. Es en esa individualidad compartida donde yo y lo que escribo hallamos a quienes realmente queremos.

Así, la realidad para mí es como una estrella de tres puntas (cosa difícil): la materia, la psique y la cultura. La realidad material, la realidad subjetiva, y la realidad del encuentro de mi yo con el mundo. Yo, al menos, eso pienso. Detesto encasillarme. No me gusta sacrificar ninguna de estas instancias así sea en aras de un fin "superior". Solo cuando las tres se hacen presentes en mi vida, mi vida que a fin de cuentas es solo un papel escrito por mi mano mano, puedo decir que soy feliz. Que soy, a fin de cuentas, lo único que he sido desde que tengo uso de razón: un niño viejo, y viceversa.
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Por eso es que ahora este blog dejó de ser público y lo comparto solo con la gente que deseo.
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PD: La canción se llama 'Una Larga Noche'... Chabuca no pudo haberlo dicho mejor...