A Blanca Varela, otra vez
Hoy veré una película pornográfica para no recordar. El argumento típico: la mujer araña atragantándose con el tonto macho, cuyos pelos de medusa, de ojos en trance, no van fijos. Su risa agradecida. Sus muelas. Un experto clítoris sin necesidad de sabor.
De improviso, ella abrirá las piernas y elevará del rescoldo a su impávida víctima. Con sabiduría de mantis religiosa lo apretará a sí misma, masculina, y entonces me salpicará la muerte. A mí, al espectador pegoteado... Y olvidaré, olvidaré: sé que lo haré.
Esta noche, aferrado a un control remoto como a un revólver, conquistado por el mal, sucederá en mí la lujuria. La lujuria atracada que me has dejado, crédito de otra programación.
Ve lo que has hecho de mí. El alcohólico relapso sin garganta alguna, el dudoso enfermo dejado a la mano de Satanás, el único ser vivo en esta habitación interminable, frente a una letrina proyectada, el de la herida antigua como uno navajazo abierto bajo el costado de Cristo.
Ve lo que has hecho de mí, el blogger que se come su propio teclado y engorda, el que debe eyacular sobre sus piernas cada vez que sale la luna, el que grita con la boca cerrada todos los días del año. Experto ser humano frente a una historia hechiza, disfrazado de adolescente para no tener que recordarte en edad adulta, a ti, a tus manos completamente formadas, a tu mirada fija.
Ve lo que has hecho de mí.
Aquí estoy, amado por una pantalla en esta silla de torturas, guiándome con semen y gemidos, ciego por obra y gracia de tu divino recuerdo que sin embargo recuerdo.
¿Qué quieres que haga? Que me amordace las manos y olvide la clave de mi blog para no tener que desnudarme de esta manera. Que deje de ser el perro callejero que se alimenta de tierra, el pájaro sin nido, el barco abandonado a la orilla del cielo, la especie ya extinta, el que vendió su primogenitura por un video triple x, el poeta que nunca más escribió poesía, el que siempre se equivoca, el torpe, el profundo, el demoníaco, el que vive encerrado en un barril y no muere, el sacristán empachado con hostias robadas, adicto a esperanzarse de la nada, a amar sobre todas las cosas aún cuando todas las cosas me sean negadas. Ve lo que has hecho de mí. Comiquísimo voyeur, muñeco de trapo con los huevos rebalsados.
(De pronto, la mujer araña se volverá lombriz. Permitirá -parte del guión, por supuesto- que el tonto macho dé vuelta y la pisotee como un plátano. Que le rocee una vela derretida sobre el ombligo. Algo me dolerá en los riñones cuando eso ocurra. El tipo amarrará las esquinas del lecho a las manos y pies de la mujer, como una ofrenda. Así, no sé por qué, recordaré al fantasma que, ciertas madrugadas, hace girar la perilla de mi habitación).
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-Coño, esto se está poniendo muy quejón... Mi blog no era así!-

1 comentarios:
fabricio!
hola :)
espero que todo ande bien por tu ciudad... me gusta el chiste de Liniers, aunque no es un chiste sino más bien una verdad.
besos desde el sur del continente!
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