
Me llamo F y, como todo F, en el fondo soy un insecto. Mucho más pequeño y sano que el resto de seres vivos a mi alrededor. No hace ni treinta segundos que llegué al mundo y dentro de otros veinte o treinta moriré. No tengo conciencia exacta de mi forma. ¿Seré tosco como una araña, frágil como una mariposa, duro como un escarabajo, suave como un gusano? Lo único que sé es que soy pequeño, sano y, además, tengo alas: quizá una mosca.
Supongo que si existo es porque deben haber por ahí miles, millones de efes existiendo en el mundo. Sobreviviendo entre el smog y las luces de neón de esta ciudad que todos llaman Lima. Sin embargo, aún no he tenido contacto con otro de mi especie. A algunos -los humanos sobre todo, esos seres inteligentes- esto les parecerá triste, parte de una soledad insectuosa. Pero no: dentro de mí yo estoy acompañado. En mi corazón, en mis venas y en mis tripas, otro F espera. Agazapado, alimentándose de mis sueños y de mis orgasmos, ese F aguarda mi muerte. Como una crisálida, mi muerte es su única posibilidad de sobrevivir.
Claro que todo es parte de un plan rigurosamente calcado, porque si muero antes del tiempo previsto -cuarenta segundos más en el mejor de los casos- ese F que espera dentro de mí no alcanzaría a estar listo para enfrentar el aire enrarecido y los rayos ultravioletas que hieren mi atmósfera. Es por eso que no me siento mal. Yo como un padre. Yo como un capullo. Yo como una oscura bolsa de canguro. Es por eso que el F dentro de mí hará todo lo posible por mantenerme contento y sano y con alas para luego, en el momento justo, matarme y existir.
Claro que, repito, todo forma parte de un plan y luego dentro de él otro F lo matará y más tarde otro y así y así. Una sucesión infinita y perfecta de efes. En el mundo que imagino para estos pequeños seres, cada uno es feliz existiendo en función de un resto insectil. Cada uno deberá ser como algo chiquito que se despierta, que se inclina (no por cobardía sino para cobrar fuerzas), que deja siempre que sus alas lo seduzcan y lo inciten a iniciar un nuevo viaje, aún cuando en el futuro otro deba tomar la posta. Son tan pequeños y valientes estos seres que es la manera que han elegido para preservar su especie. Para ser.
Este soy yo.

1 comentarios:
Me has dejado pensando en algo, no sé en qué, pero en algo
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