
A Blanca Varela
Llevar la soledad como una corona, hablando como un dios, no siéndolo. Ni esa forma ni esa luz me pertenecen. Rasurarme a tientas el corazón. Sangrar. Persignarme tocando mi reflejo avejentado: ego te absolvo de mí, Fabricio mío.
Silencioso. Profundo. Ni bueno ni malo. Una fiesta vacía a mi alrededor, infinitas palabras de nadie en un espíritu que gira sin pérdida ni ganancia. Hacerle el amor a la tranquilidad: volverme un ángel, la mirada lujuriosa, el cuerpo casto. Llegar a eso. A eso.
(Porque retroceder a la luz sería volver a la tristeza, dijo ella).
No sé por qué, pero este video algo tiene que ver con este texto. Un dejavú. Una palabra en la punta de la lengua. Una premonición. Algo así... De lejos, la mejor del Bocanada.

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