jueves, 21 de agosto de 2008

Rutina de movimiento


Me muevo con las manos pegadas al pantalón de seda. Camino sin rumbo entre cuatro paredes. Mis pies descalzos no sufren ni el frío ni los intersticios del piso de mayólicas. Es lento mi cuerpo, tonto, tentado a derrumbarse: el sudor bajo un polo estampado de grafittis, como mi alma, apenas me humedece. Soy un ave, un ala. Pienso en nada.
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Esta es mi vocación: actuar. Sacarme anteojos y ponerme chalinas, sacarme chalinas y ponerme bastones, sacarme bastones y quedar desnuda con mi respiración. Tropezar con otro cuerpo que deambula sin más ritmo que el de nuestros corazones. Me preparo para el público allá afuera. Para esa audiencia sin cara que ha pagado una entrada y espera sobre las butacas. Las luces se apagan: mis ojos se vuelven soberbios y un latigazo me recorre el espinazo. Oigo aplausos, tacos, suspiros. Una parodia de lo exquisito.
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Entonces mirarme las manos es como observar un espejo. Las venas que surcan mis dedos tiemblan colmadas no de sangre, sino del espíritu de mi personaje.
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Bienvenida, Electra.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

y esa es la sensación más rica del mundo...el despersonalizarte y ser un ser eterno, diferente e igual a todo ser humano que haya cruzado la tierra...q sensación más maravillosa: pararte en un escenario y ser kien TU kieres ser. Cada dia escribes mas lindo fab. Cari*os