Hay quienes creen que las visiones que algunos enfermos aseguran al despertar de una muerte clínica, quiero decir esa luz blanca al final del túnel oscuro, ese sendero de aguas suavísimas bajo los pies del caminante, esa paz inenarrable envolviendo al hombre como si fuera la mano de Calypso, esa cítara embriagadora como la voz de Circe, ese viaje de espaldas al hogar, no es más que una ficción: un reflejo del día de nuestro nacimiento. El enfermo decide regresar al mundo de los vivos porque entiende que algo de ese trayecto es hechizo, que se repiten símbolos: el túnel útero que envuelve, la luz exterior que atrae, la paz sedante, las aguas subterráneas. Acaso el cerebro percibe que está cerca el fin y, en un acto de defensa, regresa al primer recuerdo para hacer más llevadero el tránsito final. Que el falso Ulises, en los últimos segundos, piense que llega por fin a Ythaca, que crea que finalmente abrazará a su amada. Un desenlace así se hace eterno mientras dura la miserable vida del mortal. Si no pregúntenle a los griegos..
¿Y si morir fuera como desenchufar un televisor? Aquí se acabó, muchas gracias, terminó la película. Uno da el último respiro, ese quejido de 21 gramos, y entonces la luz del mundo se achica hasta desaparecer en un puntito blanco. Tan simple como eso. Si amaste a tu mamá, a tus hijos, a tu mujer, todo se vuelve parte de una ficción barata. De un sueño sin soñador. Abres la última puerta pero, antes de cruzar, descubres que está tapiada con ladrillos y no hay más camino por recorrer. ¿Y si la muerte es entrar a una completa nada? ¿Y si, de carne como somos, no hemos podido concebir que en adelante no hay más, y tuvimos que inventar la fascinante esperanza de una existencia venidera?
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Un versículo de Eclesiastés dice: "afánate, hombre, por cumplir en vida todos tus proyectos, pues al descender al sepulcro nada podrás. Allí nada es posible: no hay ciencia, ni amor, ni odio, ni planes. El día que vayas a la tumba, verdaderamente, será el día en que mueran tus pensamientos".
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O como un pedazo de Sabina: "la muerte es una amante despechada, que juega sucio y no sabe perder".
O como un pedazo de Sabina: "la muerte es una amante despechada, que juega sucio y no sabe perder".

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