Entre dos amores mi corazón repartido, dice ese verso mariconcísimo. Lo repito innumerables veces y no dejo de sonreír al sentirlo subir desde mi corazón, atravezar mi garganta caliente y estrellarse en mis manos torpes, un poco estúpidas, al momento de abrir un libro o poner un cd en el stereo. Dos hombres, masculinos como yo, que me han fanatizado. Dos amores extraños, con los que juego en un laberinto de espejos. No pienso en sexo o en un beso apasionado cuando me imagino a lado de ellos: pienso en una mirada, en una sonrisa cariñosa. Pienso en un tímido contacto físico, un leve apretón de manos o una palmada en el hombro. Pienso en una noche de champagne y fina marihuana, en una charla afiebrada, en otra mirada más. Eso también es lujuria. Definitivamente.
SER UN ZAVALITA. Uno de los más grandes regalos que me ha dado Mario Vargas Llosa -parafraseando a Fuguet- es que me hizo pensar que yo también podía ser escritor, sanmarquino, mal abogado, provinciano, ariano y latinoamericano (peruano!) al mismo tiempo. Que no era suficiente haber nacido el mismo día y a la misma hora de él para ser él. Que podía imitar su profesionalidad, sus obsesiones, su calidad humana, pero que debía ser como yo y como nadie más. Creérmela. Nadie se la iba a creer por mí si yo no empezaba a hacerlo. Si estudié en San Marcos una carrera de mierda, si fui un periodista de medio pelo en una ciudad sudamericana, si fui clasemediero y caminé por la avenida Abancay o por el Jirón de la Unión, si viví una tragedia griega al enamorarme de una muchacha cualquiera, si con mi papá tuve siempre un abismo de separación, si también soy un afrancesado que compra películas piratas en Polvos Azules, no debo dudarlo: todo eso puede ser también tema para escribir. Y para escribir bien. Para hacer arte.
Desde la primera vez, desde aquella tarde legendaria en que compré una Ciudad y Los Perros en editorial Peisa, Mario me dijo: A García Márquez y su imaginación olímpica déjalo para los geniecillos de café, los tes de tías o las preguntas de concursos de belleza. Si quieres ser un artista con los pies en la tierra, si quieres trabajar, ser profesional, tener bien a tu mujer y a tus hijos, si quieres decirle no a la utopía, a la pura fantasía, a la imaginación desmedida, ese tipo de cojudeces, quédate conmigo. Métete de cabeza como yo. Defiende tu vocación a balas y puños. Cómete tu propio mundo. Repito lo que ya dijo otro: no hay nada mejor que leer algo que ha sido escrito especialmente para uno. Solo por eso, que no es poco, estaré siempre agradecido y en deuda (1).
SOMOS CÓMPLICES. De Gustavo no puedo, en realidad, escribir nada.
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Él es un ángel maldito. Un corrupto espíritu de luz. Un sol que brilla al atardecer. Se trata de un satanás bellísimo, pero desfigurado. Gracias a él, a su facha de chico terrible metido en unos pantalones al cuete, maquillado como si estuviera loco, con los pelos parados (el primer Gustavo); o con los rizos revoleados y la remera sencilla y casi siútica, metido en un estudio de Usa para acabar, por fin, de crear cierta canción llamada "Zoom", yo soy un tipo de otro planeta. Es por culpa de Gustavo Cerati que, aún en esta ciudad color panza de burro, soy capaz de cantar varias canciones al mismo tiempo mientras salgo del diario y tomo un taxi hacia la facultad:
Al menos sé que huyo porque amo.
¿Si estás oculta cómo sabré quién eres?
Como un extraño tic nervioso arrojo palabras, gestos contra la pared.
Un mismo espíritu aveces seguro, aveces incierto.
Un buzo salvaje, una flor.
No está mal sumergirme otra vez, ni temer que el río sangre.
Llámame pronto.
No está mal sumergirme otra vez, ni temer que el río sangre.
Llámame pronto.
Siempre seré(mos) prófugo(s).
(En este tiempo anfibio temo perderte).
Y cosas así.
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(1) En la edición por los seis años de Perú.21, el diario publicó una lista de los 21 peruanos de exportación. Obvio, Mario encabezó la nómina. Sobre qué significa ser un "fan incondicional" suyo, Alberto Fuguet, otro Zavalita de esos, escribió: "Algo que en el mundo vargasllosiano es clave y no solo se remite a los personajes que habitan el planeta VLL sino a los lectores: los incondicionales somos aquellos -miles- que admiramos, recomendamos y defendemos a MVLL a pesar de todo: a pesar de algunas de sus ideas; a pesar de que esas mismas ideas lo colocan en el lado de los castigados por los "iluminados y políticamente correctos"; a pesar de ciertos errores mediáticos o ser candidato a la presidencia o a ciertos excesos algo jet-set; todo esto da lo mismo: cuando uno se hace fan-discípulo-adicto a Mario Vargas Llosa, uno sella un pacto de sangre. Para siempre. La amistad y la lealtad -se sabe- están por arriba de todo. Uno en esta vida tiene que saber ser agradecido.
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No me queda sino decir: Por supuesto que uno tiene que serlo. Qué caray!

3 comentarios:
Aunque siempre noté en tí ese lado "koky belaundesco", nunca pensé que llegaría el día en que decidieras salir del closet... muy bueno como siempre lo que escribes, dándole esa sazón que todos tus seguidores nos gusta tanto.
Aguante Fabricio !
Aguante Zona de Promesas !
Un abrazo.
Me gustó el post. Y este comentario me pareció la cagada.
Escribe, Escribe, Escribe...
Muy pronto amarás a Sabina...
http://www.youtube.com/watch?v=4LUKKo-f_5I&feature=related
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