jueves, 10 de julio de 2008

Así es un viaje conmigo



Imagino una escena con el fondo de una canción de Enya. Oh holy nigth.

Un niño saltando la cuerda.
El techo de un edificio con el cielo contaminado.
Un niño saltando la cuerda sobre ese edificio donde está amaneciendo un sol negro petróleo, tiñéndolo todo.

Ah el humo sangrante. Ah los sábados informes donde el humo tiene una voz. Ahora pienso: en el infierno no hay nada. Es estar lúcido en esa nada implacable.

(Escribo esta poesía soplando, soplando hacia mi imitación de Szyszlo).

Sucede que no estoy sobrio. Espérame.
Sobrio estoy offline.
Sobrio veo todo más plano aeroplano contrapicado.
Sobrio ya no soy genio, nunca lo volvería a ser.
Sobrio estoy durmiéndome en un remolino que huele a amanecer.
Sobrio escucho música, veo películas, me tomo un café.
Sobrio no sirvo para el amor.
Sobrio, con control, living free para qué.

Esta poesía no se hace sobrio.