
domingo, 10 de enero de 2010
Renunciar

Una década
1) Qué nos va a pasar, La Buena Vida.
2)Más de 100 mentiras, Joaquín Sabina.
3)Es por ti, Cómplices.
4)Vuelta por el universo, Gustavo Cerati.
5)Drive, The Cars.
6)Enjoy The Silence, Depeche Mode.
7)Inmortales, Cementerio Club.
8)El Padre Antonio y su Monaguillo Andrés, Rubén Blades.
9)Prófugos, Soda Stereo.
10)Paranoid Android, Radiohead.
sábado, 19 de diciembre de 2009
Demoliendo Hoteles (reloaded)

jueves, 17 de diciembre de 2009
Técnicas para protagonizar una canción de The Cure
Está cansado de hacer el amor confiando en alguna certeza. En el poema, en el vientre, en el mal paso vencido, en la concatenación de ciertas esperanzas. Se cansó del espérate. Del quédate. Del tengo frío. Del sírvete. Ya no quiere más que la música diga siempre, siempre, ese nombre. Que una calle al tardecer se estire más allá de lo aguantable. De ser perfecto, curioso, crédulo. De acariciar una panza no suya, sonriente y silenciosa panza cómplice, pensando en volverse tan puro y exquisito como para hacer el amor solo con la mirada.
Ya no soporta ser puntual, tener buena memoria, descifrar el renglón adecuado. Ya no aguanta más las cartas escritas en un block Justus, esas sorpresas bien planeadas, ese guiso de letras que resulta tan fragante. Odia a Vargas Llosa. Odia a Vallejo. Odia a Ribeyro. Detesta con todas sus fuerzas a Blanca Varela. Quiere escupir sobre las putas y los prostíbulos de Humareda. Decirle a Soda que en realidad ser prófugo nunca sirvió de nada. Ya no más la cautela, la verborrea, la voz baja. Se siente tonto por haber llegado temprano con un libro dentro de la flor. Con una metáfora dentro del cumplido. Con una única dirección.
Quiere cantar, cantar hasta perder la conciencia. Dejar la inocencia en una página como esta, severa, cerrada, lúcida. Ser luminoso y cruel hasta olvidarlo todo. Quiere no pensar. No mirar. No decir.
Pero fíjense: y, sin embargo, está. Persiste suavemente mientras, leyendo, este rostro de chico bueno sonríe como un chico bueno. Tocando fija, obsesionadamente. Y con un solo empeño: escribe.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Aguja en el pajar
viernes, 20 de noviembre de 2009
Identifac

Cuando es de noche y nadie lo ve, X se para desnudo ante el espejo de su habitación. Sin gesto en el rostro, imagina que nadie se turbará si un día decide así escuchar clase o irse a trabajar. Le gusta creer que de esta manera le será más facil saludar a sus amigos con un abrazo. Repasa las caras de asombro de quienes lo mirarían, el escándalo en las esquinas, el terror de los pasajeros en las combis. No le importa el frío de las altas horas. Él es así. Mientras se observa las pecas de las clavículas, la marca de sus vértebras o el rasurado vello púbico, decide -pero no sabe cuándo- que si le devolvieran el gesto, sería feliz. Una especie de loco que en la vida no tiene nada más importante que su mirada.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Carta sin fin

sábado, 12 de septiembre de 2009
La soñada privacidad
Hay una tercera clase de personas en la que me incluyo junto a mi pequeña Literatura. Una tercera dimensión en donde mi yo se sumerge en el contacto con el exterior. Es decir, que forma parte de algo que no es ni paradoja ni imposibilidad, y que se llama individualidad colectiva. Ya lo dijeron ciertos ciudadanos del mundo: esa esquina en donde uno se siente más cómodo, más satisfecho, en mejor consonancia con un único gran mundo que al mismo tiempo es tierra y césped, beso y cachetada, orgasmo y trabajo duro. Es en esa individualidad compartida donde yo y lo que escribo hallamos a quienes realmente queremos.
Así, la realidad para mí es como una estrella de tres puntas (cosa difícil): la materia, la psique y la cultura. La realidad material, la realidad subjetiva, y la realidad del encuentro de mi yo con el mundo. Yo, al menos, eso pienso. Detesto encasillarme. No me gusta sacrificar ninguna de estas instancias así sea en aras de un fin "superior". Solo cuando las tres se hacen presentes en mi vida, mi vida que a fin de cuentas es solo un papel escrito por mi mano mano, puedo decir que soy feliz. Que soy, a fin de cuentas, lo único que he sido desde que tengo uso de razón: un niño viejo, y viceversa.
Por eso es que ahora este blog dejó de ser público y lo comparto solo con la gente que deseo.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Transcrito de un blog secreto

El alcohol me tensó el cuerpo. Pero el sueño se resistía a visitarme. Sentado en una sala ajena, que conocía por primera vez, entre trago y trago, avancé casi la mitad de Tokio Blues. Lo había leido el año que fui mochileando por hasta New York. Y ahora, cinco años después, lo releía a medianoche, en casa de una chica cuyos padres había viajado, vestido con un pulóver ajeno que me iba demasiado pequeño. Qué tal, pensé, qué extraño. De no haber pasado por esta noche jamás habría vuelto a leer este libro.
Casi sin darme cuenta, el cielo empezó a clarear. Fui a la cocina, me lavé la cara, y escribí sobre un block imantado en la superficie del refrigerador: “He bebido lo que quedó del vino y me robé Tokio Blues de tu estante. Ya ha amanecido y me regreso a casa. Chau”. Y, tras dudar un poco, añadí: “Eres preciosa cuando duermes”. Luego me puse mi ropa, apagué todas las luces que habían quedado encendidas en la casa, abrí la puerta de la calle tratando de hacer el menor ruido posible, y salí. Me preocupaba que algún vecino me viera, pero no había nadie deambulando afuera. Hasta los gatos habían desaparecido. Solo un gallinazo, posado sobre un banco, muy arriba, oteaba los alrededores. Tratando de no pensar tomé un taxi. Las palabras que había pronunciado hace horas, y las caricias que se me habían chorreado como cartas bajo la manga, burbujeaban en mi cabeza.
Al llegar a mi depa, me metí como un perro con la cola entre el culo. Me lavé los dientes, me quité los pantalones, el calzoncillo. Me zambullí entre las sábanas y cerré los ojos con fuerza. En la oscuridad, mi corazón ahogado, caliente, giraba frente a mis narices. Pronto me sumergí en un sueño sin sueños, poderoso como un puñetazo.
martes, 4 de agosto de 2009
Mi patológico Yo

Pensé en lo que E me dijo el otro día, en lo de mi obsesión con el Yo. Pasé la mitad de la noche mirando una mulita de pisco, en mi habitación melliza, dándole vueltas a esas palabras que se habían empozado en mi cabeza como un charco de lodo. Supongo que sentí temor y me dejé caer en un profundo y pacífico sueño y no pensé más en esas palabras. Podría decirse que las olvidé, por un momento, mientras el cansancio y los vapores del trago hacían lo suyo. Podría decirse que -pese a la censura- mi querida E tan seria y profana esta vez tuvo razón.
Solo soy un niño. No tengo la más mínima idea de lo que digo. En realidad, puedo asegurar sin equivocaciones que nunca he salido de mi cuarto mellizo, a tan pocos metros del océano. Nunca conocí nada más allá de lo que sostienen los encorbatados estantes de mi mundo. Si me preguntan sobre Literatura, por ejemplo, probablemente sea capaz de resumir, impecable, cada buen libro que se haya publicado en el último medio siglo. ¿El mejor de todos? Borges, sin duda. Sé mucho sobre él. El discreto trabajo de su vida, sus laberintos de espejos, sus tigres. Él y su admiración por el Imperialismo. Él y los compadritos de San Telmo. Todo, completo... Pero no puedo decir cómo suena la avenida Corrientes un sábado por la noche. Jamás estuve ahí para ver ese estrepitoso obelisco erecto entre bailarinas de tango y librerías abiertas toda la madrugada. ¿Y sobre pintura? Puedo hablar mucho sobre pintura, sobre el renacimiento, claro que sí. Miguel Ángel, por ejemplo: su genio endiablado, sus aspiraciones políticas, su orientación sexual. Pero no soy capaz de describir cómo huele la Capilla Sixtina. Pese a mi profusa patología del Yo, a mi obcecación por la figura, jamás estuve ahí para ver esa cúpula. Esa espléndida nave. Sin que me importe el dolor de cuello o el dinero en la billetera. Aterrizando, demudado, sobre cada uno de sus trazos.
Si me preguntan sobre mujeres, es casi seguro que sonreiré satisfecho y ensayaré un prolijo resumen de mis preferidas. Incluso puede que me haya ido a la cama con algunas. Incluso eso. Pero nunca podré decir lo que se siente despertar junto a la mujer capaz de prometerme la vida más allá de la muerte. De hacerme sentir estúpida-verdaderamente feliz. Un macho que se respeta. Un Yo obsesivo. Eso soy, claro, ese es mi orgullo. Y si me preguntan sobre la guerra, por ejemplo, quizá mi rostro cobre una concentrada expresión de dura cerviz, anciano provecto, y cite en voz alta a Einstein: No sé con qué armas pelearemos en la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé cuáles serán en la cuarta Guerra Mundial: palos y mazas. Qué buen alumno, qué acotación tan humana, pero por supuesto que nunca estuve en una. No sufrí yo las calles ayacuchanas en 1987, hambrientas y cuajaradas, ni el oscuro resplandor del coche bomba en Tarata, 1992. Nunca tuve la cabeza de un cholo soldado amigo mío entre mis manos, pidiéndome ayuda, muriendo sin poder despedirse de su madre. ¿Y sobre el amor? Dios mío santo. Puedo decirlo todo sobre el amor. Recitar a Neruda, a Bécquer, a San Pablo, pero teniendo silenciosamente claro que no ha existido nadie capaz de hacerme sentir totalmente vulnerable. De echarme un lazo, anudarme, controlarme con sus ojos, rescatarme de las inesquivables profundidades del infierno. Nunca he tenido una verdadera pérdida. Nunca me he atrevido a amar a alguien más de lo que me amo a mí mismo. Ni esto ni nada de lo otro. Yo no.
Tuvo razón. Ahora puedo mirarme como esa noche a solas con mis libros: no soy un hombre inteligente, ni armado, ni sabio. Solo veo a un chiquillo presumido y egoísta y cagado de miedo. Tengo algo dentro que se retuerce, algo que palpita, que quizá nadie fuera de mí podría entenderlo. ¿Es que plajear y copiar es la única posibilidad? ¿Es que supongo que sé todo sobre la muerte porque leí cuatro veces La Iliada? ¿Porque puedo repetir versículos íntegros del Libro de Job? ¿Acaso es esta mierda lo que me define?
(Fabricio: a menos que, en realidad, quieras hablar de ti mismo. De quién eres. De por qué. De cómo. Sé que te aterroriza lo que puedas decir. La perspectiva de abrirte las venas sobre un papel es como verle la cara al fantasma que llevas dentro. Quizá no exista otra manera. ¿Seguro que no quieres hacerlo?).
viernes, 3 de julio de 2009
Remake

(Murakami es lo máximo!!)
jueves, 28 de mayo de 2009
Petitorio

En su cuento ‘El Aleph’ Jorge Luis Borges hace esta observación: “Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es”. Y es que Borges nos recuerda que pensamos, hablamos y escribimos sucesivamente, porque estamos inmersos en un tiempo que así lo es. Además, porque el lenguaje y la escritura son progresivos. Esto no quiere decir que toda redacción deba ser cronológica ni seguir un parámetro establecido, mucho menos la periodística. Se sabe que la memoria, el proceso de recordar, no siempre obedece al orden cronológico ni estám sujetos a reglas impuestas.
La composición de la nota informativa tiene sus reglas ortodoxas, y una de ellas -la principal, me parece- es que se invierte el orden de sus componentes y el final de la pequeña historia es su principio. En la novela de aventuras o en el cuento infantil clásico, por ejemplo, el clímax está siempre al final. Sólo en el último momento el Lobo se come a Caperucita. Solo en el último capítulo se revela la identidad del asesino serial. Esa es la manera como la tradición concluye siempre los relatos. Sin embargo, no así con las notas periodísticas informativas, en las que ha de empezarse por revelar el nombre y todos los datos del asesino –o el desenlace de un partido de fútbol o de una sesión en el Congreso- en las primeras líneas.
Para muestra un botón: como recordamos, la magistral novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, finaliza con el asesinato del latifundista a manos de uno de sus hijos. Sólo en la última página, 400 hojas después del inicio, varios días después de haber abireto el libro por primera vez, se llega a la muerte del personaje: “Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras”… Pero si esa historia hubiese sucedido en la realidad, una nota periodística sobre el mismo hecho –elaborada por alguna agencia internacional- sería algo así:
COMALA, 28 de marzo (AP). El latifundista mexicano Pedro Páramo fue asesinado hoy por uno de sus hijos, Abundio Martínez, quien ya se encuentra preso.
Pedro Páramo descansaba a la entrada de su hacienda de la Media Luna cuando Martínez, uno de los hijos que tuvo con diversas mujeres de la región, lo atacó a cuchilladas.
Damiana Cisneros, cocinera del occiso, dijo que Abundio Martínez se había presentado por la mañana para pedir a Páramo una ayuda -necesitaba dinero para enterrar a su esposa que acababa de fallecer-, y que éste se la había negado. Al caer la tarde, y en completo estado de ebriedad, el hijo de la víctima volvió a la hacienda para matarlo.
Qué diferente hubiera sido, ¿no? Es decir, la historia habría tenido que ser redactada dejando de lado toda elaboración estética, todo punto de vista diferente al políticamente correcto, a fin de anteponer las respuestas a las preguntas qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué, para poder establecer el hecho, el sujeto, la forma, el momento, el lugar, y la causa alrededor de ese hecho noticioso. Lo que conocemos como pirámide invertida. Lo que muchos enfrentamos todos los días.
¿VIGENTE? La fórmula tradicional de la pirámide invertida (que más bien es un triángulo equilátero de cabeza) impuesta por los redactores de las primeras agencias noticiosas en el siglo XIX, señalan que el redactor debe ir escribiendo de más a menos, en orden de importancia, ya que podría darse el caso de que el periódico necesite cortar por razones de espacio o publicidad. Además, la subordinación al orden cronológico es inadecuada y confusa para una narración periodística. Eso dicen.
Me explico por qué no estoy de acuerdo con lo que mandan a hacer todos los días. Muchos dicen que la estructura de la noticia está calculada para que el lector se sienta capaz de suspender la lectura de la información antes de que el escrito concluya. O sea, que con sólo leer la entrada y los primeros párrafos, el lector debe quedar suficientemente informado de lo que sucedió. ¿Pero sucede así en la realidad?
Entre los géneros periodísticos, la nota informativa –y el uso de la pirámide invertida- es tal vez el que menos permite el protagonismo del redactor, pues debe hacerse a un lado para ‘procurar la mayor fidelidad a lo que sucedió’. Se escribe en tercera persona, en tiempo pasado o en presente, de manera sucinta y clara, utilizando las palabras más comunes a la gente. Sin epítetos ni adjetivos, respondiendo a las preguntas tradicionales. ¿Es realmente necesario eso hoy en día?
Álex Grijelmo también piensa que no. En su libro ‘El estilo del periodista’ (Editorial Santillana, Madrid, 2001) él siente que la pirámide invertida ya no es imprescindible en nuestro tiempo de computadoras. Si bien es cierto que antes los redactores, por la inseguridad técnica de las transmisiones y por economía de tiempo, tuvieron que imponer esta estructura, hoy en día ya no es tan necesario.
Grijelmo dice que, lluego de casi 150 años de habérsenos propuesto el lead convencional, sacralizado por siempre jamás, aún en las redacciones hay una obediente atadura a su fórmula y por eso muy poco terreno se concede a otras estructuras más enriquecedoras. “Hay tantos tipos de comienzo de la información como clases de esta. Los tipos de encabezamiento únicamente están limitados por la originalidad del autor”, subraya.
Y es que el modo de contar los hechos de mayor a menor importancia, siempre pendientes redactores y editores de que en cualquier momento pueda sacarse la tijera, hace que se releguen otras estructuras jaladoras para el lector: novedosas fórmulas que, aún en un pequeño espacio, pueden combinar los datos sin necesariamente atenerse a un orden de mayor a menor importancia. Orden que, discúlpenme los sabios, solo está sujeto a la percepción del acontecimiento que tuvo quien escribió la nota.
Sí, probablemente sea yo una voz que grita sola en el desierto. Pero es que me resisto –y quizá no tengo otra manera de decirlo- a la diaria interpretación de un acontecimiento. No. Yo quiero lo otro, aunque suene engreído y absurdo. La narración objetiva de lo sucedido recientemente pero contado de forma amena. ¿Crónica, reportaje, informe? Llámenlo como quieran, así solo tenga 600 caracteres disponibles al día. Ser testigo presencial que da fe de lo que ocurre, y que lo hace con su particular forma de expresarse. El sello personal que va firmado bajo mi responsabilidad. Nada de triángulos equiláteros, de fórmulas irrebatibles, de ángulos fijos. Nada de matemáticas, por favor, que para eso nunca he servido.
Por Fabricio Escajadillo del Solar -103
miércoles, 6 de mayo de 2009
Alegro Non Troppo

martes, 5 de mayo de 2009
Ejercicio
sábado, 25 de abril de 2009
Coincidiendo con Efraim

viernes, 24 de abril de 2009
Esnac
Segunda entrega del genial Grupo 02 -cónclave con más de una luminaria surgida en la facultad de Comunicaciones de la USMP- que está revolucionando la manera de hacer cine en Perú. 'Esnac' narra la historia de un muchacho que pretende asustar a sus amiguitos con una amenazadora bolsa de papitas. Descubra los misterios que esconde nuestro pequeño protagonista tras su mirada de duende onanista, sus movimientos calculados y su morral de charanguero de la linea Caquetá-San Juan de Miraflores.
jueves, 26 de marzo de 2009
Fe

En el espejo
Con sorprendente paciencia
Eso es la poesía
Eso es el bagazo
El pajazo
jueves, 12 de marzo de 2009
Porque ácido ribonucleico enamorado serás siempre

Si nos hubiéramos respondido
Y sucédete eufórica contínua estrella inventada
Borrada y nuevamente encendida en el cielo mudo
Plenitud ya sin nombre
Déjate de cosas
El amor será, siempre, la tierra más frágil
Corazón, caverna húmeda
Dile a José, a Jorge Eduardo, a César
No sé
Sólo diles.
sábado, 7 de marzo de 2009
El plajero ilustrado
Pero no. Yo soy un hombre que tiene un hígado y vísceras y un corazón. A ver si eso lo resuelve. A ver si sirve aceptar que me crecen pelos y tengo legañas. Que escupo. Que lloro. Que me gustan las hojas secas y la música antigua y los finales tristes. Maldita sea. Que prefiero la belleza y el amor eternos, los que humanamente no existen. Y sin embargo no. Y sin embargo no.
miércoles, 18 de febrero de 2009
10 tips para vencer una decepción amorosa


